lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Luces!, ¡Cámara! y ¿Acción?

Por Brenda Abascal

Un hombre grita a lo lejos una frase conocida. La claqueta se cierra e inicia la grabación. Todos están ubicados en el lugar indicado realizando lo que se les ha pedido, a pesar de ello el director grita ¡corte!, nadie logra entender por qué; pero lo saben, eso implica que todo debe iniciar otra vez, sólo para cumplir el capricho de un hombre poderoso y malhumorado que les dice lo que deben hacer. Es la toma 21 y todos lucen agotados, nuevamente la voz del director reclama su atención: ¡luces!, ¡cámara! y ¡acción! Pero, ¿qué es lo que está sucediendo?, ¿por qué nadie hace nada a la voz de ¡acción!? Todos se han quedado inmóviles a pesar del gran riesgo que corren; eso no debería de estar ocurriendo, no forma parte del guión. ¿Qué mal ronda la mente de los actores?, ¿qué la paralizó?, ¿fue acaso la insatisfacción?, ¿la desilusión? Nadie lo puede explicar, en realidad, a nadie le interesa hacerlo.

El director grita desquiciado y todos permanecen callados, así que decide suspender la grabación, los actores vuelven a ser las personas de siempre y sólo hasta entonces empiezan a hablar, manifiestan amplia y detalladamente su descontento, con todos menos con quien deben hacerlo. Resulta frustrante ver todo aquello y me gustaría saber, ¿por qué las personas decidieron cambiar la acción por la pasividad? No solía ser así, muchos son testigos, antes bastaba un buen argumento para desencadenar la cooperación. ¿Qué fue lo que cambió?

La pasividad, el conformismo, la apatía y la incertidumbre inundan las calles; tanto, que se ha convertido en un fenómeno social, su magnitud ha llamado la atención de muchos intelectuales, quienes han intentado incansablemente darle una explicación. El claro y creciente desinterés de la población hacia aspectos sociales, económicos y políticos, resulta preocupante; el que ya no se lea la información con un sentido crítico, es sencillamente alarmante; pero, el hecho de que cada vez sean menos las personas a las que les interesa tomar una postura o emitir una opinión, es totalmente inaceptable.

¿Acción? Es justo lo que nos hace falta, estamos culturalmente tan mal acostumbrados a la ley del mínimo esfuerzo, que preferimos quedarnos, en el mejor de los casos, como espectadores; y evitando que nos importe, en el peor. La apatía es un mal generalizado y, poco se puede hacer en contra de él. Todo está decayendo y nadie hace nada por detenerlo. Ya no podemos permanecer apáticos, los múltiples acontecimientos reclaman nuestra atención, ya no podemos ignorarlos, no debemos.

Los medios de comunicación están llenos de noticas que sólo consiguen robar la atención por un momento, ni aunque sean contenidos relevantes logran desencadenar una auténtica reflexión ¡Cuántas noticias dignas de analizar, de desmenuzar, de replantear, de contextualizar!

Resulta necesario romper con el esquema de participación fundamentado en la acción si y sólo si el fenómeno afecta mi integridad personal, ¿Que cuál es ese? Tenemos un claro ejemplo que sucedió recientemente: “la influenza”; tras la noticia el miedo paralizó al país, al mundo entero, debería decir. No es posible que nos prestemos a tal manipulación sólo por que predomina la desinformación. Lo bueno es que para algunos hay un aprendizaje tras todo aquello, los mexicanos somos capaces de unir criterios, de informarnos, de hacer, de transformar, de colaborar, de actuar -para el que duda de que esto sea cierto, que se remita a la historia, en ella, hay múltiples ejemplos-. Sin duda, existen temas prioritarios que demandan nuestra completa atención, de no hacerlo, sólo nos podríamos preguntar ¿qué pasará con la educación, con la sociedad, con nuestro país?

Muchas cosas hay por hacer al respecto, claro que es difícil iniciar, pero no es imposible. El verdadero reto radica en lograr la participación social[1], en promover el tipo de participación que no es una pieza más de una mal estructurada campaña política; no, se requiere de esa intervención de trascendencia, de la que ejecutan las personas, los ciudadanos, de la que demanda de ellos que estén informados, que tengan un criterio y una opinión. Se trata de dejar de responsabilizar a otros por lo mal que están las cosas, de desencadenar auténticos y benéficos cambios mediante la acción.

Resulta indispensable crear una cultura de participación activa, responsable, demandante. Todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación de desarrollarla, ¿cómo? pues participando de forma libre y voluntaria, interactuando con otras personas (ahora se puede de muchas maneras, mediante blogs, foros de discusión, etc.), manifestando nuestras opiniones sobre lo que acontece a nuestro alrededor. Hacerlo nos permite ejercer nuestro derecho de la “libre expresión”, e indudablemente, es una buena manera de desencadenar la acción. Ya lo evidencia la historia, cuando el ser humano se organiza para resolver problemas de su cotidianidad, aprende a dialogar, a trabajar en equipo, a planear y no importa si se equivoca en el proceso, ya encontrará el camino correcto. Se trata de desarrollar pequeñas acciones, de implementarlas para que sustenten el auténtico cambio en la formación de individuos y en su inminente emancipación.

Y tú, ¿qué tan dispuesto estas a cambiar? ¿Pertenecerás al grupo que privilegiará la apatía por sobre la acción? Si tu respuesta fue no, entonces atiende esta invitación, este es un buen momento para iniciar.

¡Deja saber al mundo lo que piensas!


Bibliografía
Chávez C., J. y Quintana G., L. 2001. La participación social en la Ciudad de México. México, UNAM/Plaza y Valdés. Pág. 25.

[1] La participación social es un proceso de involucramiento de los individuos en el compromiso, la cooperación, la responsabilidad y la toma de decisiones para el logro de objetivos comunes. Es un proceso dinámico, complejo y articulado que requiere de una conciencia colectiva (Chávez y Quintana, 2001)

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